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20 Novi 2018

La falta de control de la enfermedad y la poca adherencia a los tratamientos son las principales causas de que muchas personas sufran ataques de gota cada vez más frecuentes e intensos. Una correcta información y el uso adecuado de las nuevas alternativas terapéuticas son las "armas" más efectivas para plantar cara a estos episodios.

Tanto las últimas evidencias científicas como las recomendaciones y guías terapéuticas de reumatología lo dejan claro: la vía de “curación” de la gota pasa por reducir y mantener estables en el tiempo los niveles de ácido úrico en sangre por debajo de 5-6 mg/dl.

“En el abordaje de los episodios de gota aguda hay que combatir la inflamación lo antes posible, de forma decidida y durante el tiempo oportuno. Por suerte, hay un amplio arsenal terapéutico para conseguir ese fin y numerosas vías de administración para ello. La colchicina actúa rápidamente y es uno de los remedios más empleados clásicamente por médicos y pacientes, aunque en los últimos años estamos defendiendo su uso racional en los ataques, pues dosis superiores a 1,5-1,8 mg/día presentan un exceso de toxicidad sin mejorar la potencia de acción. Aparte del tratamiento farmacológico, se recomienda aplicar hielo 2-3 veces al día en la zona inflamada y poner la pierna en alto si el ataque se produce en pie, tobillo o rodilla; y reposo relativo hasta que ceda el brote, evitando hacer deporte y cualquier actividad física excesiva o inoportuna”, explica Calvo.

ALTERNATIVAS

Alejandro Prada destaca que en el tratamiento de los episodios agudos de gota existen alternativas que sepueden ajustar según el perfil de cada paciente: “A los AINE en dosis plenas, tanto por vía COX-1 como COX-2, se pueden añadir pautas cortas de corticoides, colchicina ajustada a recomendaciones de ficha técnica (evitando pautas antiguamente arraigadas de dosis tóxicas que lamentablemente siguen usándose) e incluso hay estudios que nos ofrecen la posibilidad de inhibir la vía interleucina-1 con grandes resultados. Esto nos habla una vez más de que en gota existen opciones suficientes de tratamiento tanto del proceso metabólico del ácido úrico como de los síntomas inflamatorios agudos como para que a día de hoy tengamos prácticamente al 100 por cien de pacientes con un adecuado control de su enfermedad en todos y cada uno de sus ámbitos”.

En cuanto a los logros terapéuticos para la prevención de nuevos episodios, Calvo señala que se han producido principalmente dos avances: “Emplear una profilaxis antiinflamatoria mantenida durante los primeros meses (incluso 6-12 meses) de tratamiento con fármacos reductores de uricemia, principalmente con bajas dosis de colchicina (0,5-1 mg/día), pero teniendo también como alternativas AINE/Coxib o corticoides; e introducir los reductores de uricemia como alopurinol, febuxostat o benzbromarona en dosis bajas al inicio, subiendo luego la dosis oportuna de forma progresiva. Esto ha demostrado, junto con la profilaxis, disminuir de forma clara el número de ataques agudos, así como mejorar la tolerancia y la adherencia al tratamiento. En casos complicados se pueden emplear a nivel hospitalario fármacos biológicos como los antagonistas de la interleucina-1. También están en desarrollo nuevos fármacos sintéticos para combatir y prevenir los ataques artríticos gotosos, que verán la luz en los próximos años”.

Pérez Ruiz recuerda que la mejor forma de prevenir los síntomas es “curar” la gota: “Cada vez hay más pruebas de que reducir de forma estable y a largo plazo el nivel de ácido úrico en la sangre a niveles adecuados se asocia a una progresiva desaparición de los cristales de urato en los tejidos, de los ataques de gota y de los tofos. Esto puede considerarse remisión o curación”.

DIARIOMEDICO
junio 2018