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05 Marz 2010

Un trabajo realizado por investigadores del Hospital Universitario Central de Asturias, publicado en la edición electrónica de la revista " Bone ", ha demostrado que la aparición de calcificaciones vasculares está relacionada con la pérdida de masa ósea - con independencia del envejecimiento - y que, en las arterias de los afectados por este problema, hay unos genes que, en lugar de crear músculo, forman hueso que dificulta la circulación, y junto a ellos, otros que combaten este proceso.

Según explica el director del Servicio de Metabolismo Óseo y Mineral del Hospital Universitario Central de Asturias, Jorge B. Cannata, de la Red de Investigación Renal (REDinREN), del Ministerio de Ciencia e Innovación, este hallazgo abre una nueva vía para combatir problemas vasculares y osteoporosis. "Todos sabemos que, a partir de los 50, se va perdiendo masa ósea y también aumentan las calcificaciones vasculares, en un proceso que se había aceptado como parte del envejecimiento" indica. "Sin embargo, en nuestro último estudio, realizado en ratas a las que se les provocó calcificaciones vasculares aumentando el fósforo de su dieta, hemos descubierto, con un seguimiento de 20 semanas, que los animales con calcificaciones severas eran los únicos que perdieron hueso, a partir de la quinta semana de vida", destaca.

Al intentar observar las diferencias genéticas entre las ratas que desarrollaron las calcificaciones vasculares y aquellas que no las padecieron, hicieron dos descubrimientos: el primero, que las ratas que desarrollaron estas calcificaciones tenían sobreexpresado, en la pared de la aorta, el número de un grupo de células que dejaron de ser fabricantes de músculo para convertirse en productoras de hueso. "Lo paradójico es que estas ratas tenían también sobreexpresados en la pared de la aorta unas células que trabajan para destruir los huesos y lo más novedoso está en que, cuantas más calcificaciones vasculares hay, en mayor número las células creadoras de hueso en las arterias superan a las que lo destruyen", explica el científico.

Mediante la técnica de "arrays de DNA", se ha cuantificado la expresión de más de 30.000 genes en los vasos de los animales de laboratorio que presentaron calcificaciones, descubriendo que los cambios genómicos hacen que las células de la pared de los vasos se comporten no como células de músculo, que es lo que son, sino como células de hueso, capaces de mineralizar las paredes de las arterias.

Las enfermedades del corazón, de los vasos sanguíneos y de los huesos son las causas más frecuentes de enfermedad y muerte en personas mayores. Con la edad las arterias se vuelven más rígidas, en gran medida porque acumulan calcio en su interior (se calcifican), lo cual hace que el corazón tenga que trabajar más para vencer esa resistencia y para que llegue la sangre a todos los tejidos.
También con los años, los huesos se desmineralizan, se hacen menos resistentes, menos flexibles y su fragilidad aumenta. De hecho, una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres sufren fracturas óseas por esa causa. Siempre se ha interpretado que estos dos fenómenos eran independientes y se debían al envejecimiento.

Sociedad Española del Dolor
03-01-2010