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17 Junio 2013

Los fármacos biológicos permiten que los pacientes con AR continúen sin síntomas al dejar la terapia farmacológica.

La artritis reumatoide (AR) no tiene tratamiento curativo, pero cada vez se consigue que haya más pacientes en remisión que continúen sin síntomas al dejar la terapia farmacológica. Ello es posible a los fármacos biológicos, cuya aparición, hace quince años, ha transformado el manejo de la enfermedad, pero de los que aún se está aprendiendo.Por eso, en la reunión de Eular, en Madrid, gran parte de las comunicaciones sobre AR se han centrado en el empleo de nuevos fármacos, tanto los ya aprobados como los que aún están en ensayos.

Santiago Muñoz, de la Sociedad Española de Reumatología (SER), ha recordado que desde las sociedades científicas hay unas series de recomendaciones, como la que exige que haya al menos un fracaso con un fármaco clásico a dosis óptimas -preferentemente, metotrexato- durante no menos de tres meses para incorporar la terapia biológica.

En el siguiente escalón, hay muchas opciones y la elección no está protocolizada: "El perfil del paciente y la experiencia del reumatólogo basan la decisión, en la que a igualdad de condiciones clínicas, pesa también el factor económico; recordemos que estas terapias rondan los 9.000 euros por paciente y año". Todavía son escasos los trabajos que comparan diferentes biológicos entre sí. Uno de ellos ha sido el estudio Ample, el primero en comparar abatacept y adalimumab, ambos en combinación con metotrexato, y que demuestra la no inferioridad de abatacept subcutáneo. También con abatacept, según ha destacado Muñoz, el estudio Orion revela que el 40 por ciento de los pacientes, una vez se ha suspendido el tratamiento, al llegar al objetivo terapéutico, consiguen una remisión prolongada, observada tras 52 semanas de seguimiento.

Biomarcadores
José María Álvaro-Gracia, del Hospital La Princesa (Madrid), indica que "trabajos como estos colocan a los biológicos más recientes en el mismo plano de elección terapéutica que a los anti-TNF". A la elección del más adecuado contribuirá el hallazgo de biomarcadores específicos para grupos de pacientes. También servirán para determinar los individuos con riesgo de AR, en los que poder intervenir para evitar la enfermedad, línea que investiga, entre otros grupos, el de Sara Marsal, presidenta de la Sociedad Catalana de Reumatología.

Instaurar el tratamiento correcto a tiempo no sólo redunda en menos deformidades y una mejor calidad de vida de los pacientes, también en la cantidad de ésta. Muñoz ha destacado los estudios presentados en Eular que demuestran que acortar la ventana de oportunidad terapéutica incide en la mortalidad. En ello influye mucho el riesgo cardiovascular: se atribuía a la enfermedad un aumento de ese riesgo, pero se ha demostrado que un tratamiento intensivo lo aproxima a la normalidad.

El LES ya tiene un fármaco específico

En España se estima la presencia de alrededor de 40.000 pacientes afectados por lupus eritematoso sistémico (LES), una enfermedad autoinmune no órgano específica, que afecta con mayor frecuencia a mujeres en edad fértil, y que se acompaña de diversa comorbilidad y un amplio espectro de presentaciones. Debido a su cronicidad, el daño que genera a los diversos órganos afectados se acumula con el tiempo. El LES no ha contado con ningún tratamiento específico en cinco décadas hasta la aprobación de belimumab, hace un año. Como recuerda Juan J. Gómez-Reino, jefe de la Unidad de Reumatología del Hospital Clínico de Santiago de Compostela y moderador de un simposio sobre lupus en la reunión del Eular, "empleábamos fármacos prestados de otras patologías. Esperamos que la indicación de belimumab para el LES abra una puerta para que otras moléculas se incorporen a las opciones terapéuticas".

El biológico belimumab actúa bloqueando una molécula clave en el proceso patogénico del LES, el estimulador de linfocitos B (BLyS), que participa en la regulación de las células causantes de la autoinmunidad. De ello pueden beneficiarse los pacientes que no responden bien a los tratamientos convencionales (fundamentalmente, inmunosupresores y corticoides). A la experiencia de los ensayos de más de cinco años se unirá ahora la de la práctica clínica en las consultas. Gómez-Reino ha aludido a los estudios sobre pacientes con afectación activa renal y cerebral. "Son enfermos que no habían entrado en los anteriores ensayos y aunque hay evidencias indirectas, pronto dispondremos de datos que nos confirmen la eficacia del fármaco en estos grupos".

DIARIO MÉDICO
Sonia Moreno
17/06/2013