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29 Mayo 2012

Aunque la artrosis no cuenta con un tratamiento curativo, sí existen opciones terapéuticas para aliviar el dolor que provoca esta enfermedad. Los fármacos de acción lenta sobre los síntomas o sysadoas constituyen un tratamiento eficaz. Su buena tolerancia y seguridad farmacológica hacen que sea menos necesaria la prescripción de antiinflamatorios no esteroideos, que tienen efectos secundarios en los pacientes.

La artrosis no tiene curación definitiva, por lo que el tratamiento está dirigido a aliviar el dolor, minimizar la incapacidad funcional y reducir al máximo la progresión de la enfermedad con el fin de mejorar la calidad de vida del paciente, explica Juan Ramón Amillo, jefe clínico de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Viladecans, en Barcelona. En este contexto, Diario Médico, junto a Bioibérica Farma, impulsa el programa Artrosis Integral para centrar la atención sobre el peso de esta enfermedad en la sociedad.

En la actualidad, los fármacos de acción lenta sobre los síntomas o sysadoas constituyen el tratamiento base para la artrosis crónica, ya que su elevado perfil de seguridad permite que se puedan tomar siempre, y cuanto más al inicio de la enfermedad mejor. Forman parte de este grupo el ácido hialurónico, el condroitín-sulfato, la diacereína y el sulfato de glucosamina. Todos ellos cuentan con estudios que demuestran su eficacia para controlar el dolor de la artrosis, principalmente en la gonartrosis.

Se caracterizan porque su efecto se inicia después de dos a tres semanas de tratamiento, y persiste de dos a seis meses después de su cese, es decir, tienen un efecto remanente. "Los sysadoas consiguen una cierta mejoría del dolor, tienen buena tolerancia y seguridad farmacológica, y gracias a ellos existe menor necesidad de prescripción de antinflamatorios", apunta Amillo.

MEDICINA DEGENERATIVA

Las técnicas basadas en células madre son otro avance esperanzador para el tratamiento de la artrosis, afirma Violant Poca, jefa del Servicio de Reumatología del Instituto Ferrán de Reumatología, en Barcelona. "Es indudable que estas técnicas tendrán un papel relevante en la práctica clínica en un plazo de 10 a 15 años".

Los avances en esta área se centran en las formas de administrar y acoplar estas técnicas al tejido dañado. "El conocimiento y la capacidad de actuar sobre la homeostasis bioquímica intraarticular facilitará la tarea de sustitución y regeneración cartilaginosa" comenta Luis Alfonso Sanz, jefe del Servicio de Cirugía y Traumatología del Hospital de Torrejón, en Madrid.

Y aunque todavía no es factible poder emplear las células madre como método para regenerar el cartílago, las investigaciones en medicina regenerativa constituyen el inicio de un tratamiento que puede llegar a ser una de las soluciones de la artrosis, añade Amillo.

REDUCIR FACTORES DE RIESGO

Cuando el especialista va a tratar al paciente, en primer lugar debe exponerle cuáles son los factores de riesgo y, sobre todo, debe incidir en aquéllos que pueden modificarse. Medidas mecánicas, como los bastones, las plantillas o las ortesis, ayudan a mitigar el dolor y reducen el riesgo de caídas. El ejercicio físico, la termoterapia, la modificación del peso y el empleo de calzado adecuado son otras formas de tratamiento no farmacológico que ayudan al paciente, además de la fisioterapia, que es importante para mantener la fuerza muscular y la movilidad articular, señala Poca. En esta educación al paciente, la terapia ocupacional puede desempeñar un papel esencial.

En cuanto al tratamiento farmacológico, otros medicamentos que se emplean, aparte de los sysadoas, son los analgésicos simples y los antinflamatorios no esteroideos. Estos últimos se utilizan para las fases agudas de la enfermedad, las de mayor dolor.

También se encuentran los fármacos modificadores de estructura y las infiltraciones con glucocorticoides, que son una opción terapéutica que ha demostrado ser eficaz en la artrosis de rodilla, y se recomienda en el tratamiento de la sinovitis aguda, en los pacientes que están en espera de cirugía y en los estadios tardíos de la enfermedad.

Entre los analgésicos más complejos "se utilizan incluso mórficos en aquellos casos más graves, con dolor constante y que están a la espera de la intervención quirúrgica. En el último año se han planteado estudios con nuevos mórficos para controlar el dolor con menos efectos secundarios", apunta Poca.

TERAPIAS BIOLÓGICAS

Otro campo de avance importante ha sido el de las terapias biológicas, que han cambiado el pronóstico de muchas enfermedades reumáticas inflamatorias, explica Poca, pero en la artrosis todavía no se utilizan. "Son numerosas las vías moleculares -citocinas- implicadas en la fisiopatología de la artrosis que han sido estudiadas como potenciales dianas terapéuticas. Actualmente hay importantes ensayos clínicos en distintas fases, que valoran diferentes agentes (tanezumab, inhibidores IL-1, ihFGF-2, etc.) y con distintas formas de aplicación".

La especialista añade que los recientes estudios para encontrar biomarcadores y correlacionarlos con el pronóstico podrían ayudar a valorar los principales candidatos para las terapias biológicas.

En un primer momento, concluye Amillo, hay que aplicar medidas no farmacológicas, después farmacológicas y por último quirúrgicas, teniendo en cuenta el estado del paciente y sus características personales.

DIARIO MEDICO
Ester Crespo
28 de mayo de 2012