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11 Marz 2008

La resonancia magnética puede ayudar a agilizar el diagnóstico de la espondilitis anquilosante, que se resuelve en gran medida con el empleo de AINE y fisioterapia. Normalmente, cuando se detecta la enfermedad el paciente lleva entre cinco y diez años de evolución.

El retraso diagnóstico de los pacientes con espondilitis anquilosante oscila entre cinco y diez años, "ya que se basa en los criterios de Nueva York, que definen la enfermedad a partir de la presencia radiológica de una sacroileítis bilateral de grado dos o unilateral de grado tres", ha explicado a Diario Médico Jesús Sanz, adjunto del Servicio de Reumatología del Hospital Puerta de Hierro, de Madrid, que ha participado en un curso sobre Diagnóstico y tratamiento de las enfermedades autoinmunes sistémicas, que se está celebrando durante los lunes del mes de marzo en el citado centro.

Aunque el paciente no tenga signos radiológicos, la actividad de la enfermedad es tan alta como si existiera realmente el daño radiológico. Por eso, los esfuerzos se centran en poder definir de forma precoz la enfermedad, y la introducción de la resonancia magnética ha jugado un papel fundamental.

"Esta técnica detecta de forma precoz las lesiones sacroiliacas. Así, en un estado prerradiológico podemos localizar las formas agudas que pasan desapercibidas con la radiología simple".

Sanz ha destacado que la cuestión es conocer realmente la especificidad de las lesiones. Hay que tener en cuenta que no se dispone de ningún marcador precoz de la enfermedad, "sólo está el HLA23 que es positivo en el 90 por ciento de los pacientes, pero tan sólo entre un 2 y un 5 por ciento desarrolla la enfermedad".

Normalmente, en el 80 por ciento de los pacientes la enfermedad debuta antes de los 30 años, con una sintomatología principal de dolor axial de tipo inflamatorio, que aparece por la noche, empeora en reposo y mejora con el ejercicio.

El reumatólogo ha recordado que el tratamiento de primera línea son los AINE, junto con medidas de fisioterapia, pero hay que pensar que cerca de un 25 por ciento de los pacientes son refractarios al tratamiento.

Para este grupo de sujetos está especialmente indicado el empleo de las terapias biológicas, es decir, de los anti-TNF. No existen muchos datos aún sobre el papel que pueden tener estos fármacos en la prevención del daño radiólogico, "pero no se emplean como primera opción, ya que son caros y no están exentos de riesgos".

Sanz ha recordado que se dispone de algún marcador que ayuda a conocer a los pacientes que responderán mejor a la terapia biológica; son los más jóvenes y los que presentan unos niveles de PCR más elevados.

No se tienen bien determinados los factores desencandenantes de la enfermedad, pero se cree que existe una serie de elementos ambientales que ponen en marcha el proceso inflamatorio. "Se habla de la participación de bacterias patógenas, de las alteraciones que tienen lugar en la barrera intestinal o de la permeabilidad del intestino, por la que pueden pasar antígenos que activan la inflamación".

DIARIO MÉDICO
Clara Simón Vázquez
11/03/08