Actualidad Noticias Te mantenemos informado

07 Junio 2010

Quizá las dos áreas donde los avances clínicos hayan sido más espectaculares en los últimos treinta años sean el tratamiento del infarto y el de las artrosis. Son enfermedades bien distintas: una mata, muchas veces sin previo aviso, la otra roe la vida. En infarto, usando aspirina inmediatamente para evitar la progresión del trombo que obstruye la arteria que es lo que impide la sangre riegue el corazón y con los sistemas de desobstrucción, químicos o mecánicos, se logra en muchos casos rescatar parte del tejido. La mortalidad en el hospital, en Asturias, está incluso por debajo del 5%. Con los avances en el tratamiento de la artrosis, me refiero a las prótesis que resuelven el dolor y la incapacidad funcional de miles de personas.

La artrosis significa limitación funcional, dolor y reducción de la calidad de vida. No mata, pero hace infelices a muchos. El dolor musculoesquelético es la primera causa de consulta en atención primaria y produce las mayores pérdidas de días de trabajo tanto por motivos laborales como extralaborales. Afecta a cualquier articulación, preferentemente las rodillas, caderas y las manos.

Hay dos características de esta enfermedad que conviene saber: una, que las imágenes radiológicas no siempre acompañan a la clínica, es decir, puede haber mucho dolor sin apenas cambios y, al contrario, espectaculares imágenes sin dolor. La segunda es que no es una enfermedad de la edad y que no es necesariamente progresiva.

La mejor explicación es que se trata de un proceso de reparación, como tantos otros en el organismo. Las articulaciones, por el uso o por el abuso, sufren traumatismos que destruyen el tejido que recubre el hueso en esa zona, el cartílago. La artrosis es el resultado de la remodelación. En la mayoría de la gente el resultado es una estructura alterada, probablemente porque en las células que participan en ese trabajo no existe un claro concepto de orden y disposición como lo hay cuando se construye el cuerpo desde el óvulo fecundado hasta la edad adulta. Una estructura distinta pero casi siempre eficiente y asintomática.

Como todo en la Naturaleza, puede ocurrir que el proceso de reparación fracase. Las razones pueden estar en el individuo, la forma en que su organismo dicta las órdenes, o en la magnitud de la causa, agresiones muy fuertes o muy repetidas. En esos casos es cuando aparece la artrosis. Esto puede explicar su extrema variabilidad. Alguna vez me han explicado, mientras me mostraban una articulación de la mano deforme, que antes de producirse habían notado un dolor intenso que se desvanecía cuando la articulación aparecía tal como estaba. Puede ser ese proceso de reparación, destruyendo tejido que se considera inservible antes de crear el nuevo que produce la deformidad.

Si, como se piensa, la artrosis ocurre por sobrecarga articular, la prevención se basaría en evitarla. La experiencia nos dice que los deportistas profesionales tienen frecuentemente las articulaciones de carga o que reciben impactos bastante estropeados. Evitar la sobrecarga de las articulaciones parece sensato, pero yo no puedo asegurar que con eso se prevenga al artrosis pues no hay estudios que lo confirmen, al menos que yo conozca.

El tratamiento debe ser progresivo y pautado. La base es ejercicio, pérdida de peso y mantenimiento de la funcionalidad articular. El ejercicio debe comprender los dos objetivos: fortalecimiento muscular y mejora aeróbica. Recuerden que si lo que se busca es fortalecer el sistema cardiorrespiratorio, es obligado exigirle que haya que coger aliento: correr, bailar. Pero para conseguir músculos poderosos hay que hacer pesas, o ejercicio contra resistencia. Con el primero se trabaja un tipo de músculo que quema mucho oxígeno, su fortalecimiento depende de producir más calderas en la fibra. Con el otro se engruesa el músculo porque su fortalecimiento depende del tamaño, apenas quema oxígeno.

En la base del tratamiento, antes de emplear medicación, se puede probar con frío y calor en la articulación. Sin embargo, las cremas rubefacientes no parece que sean buena idea.

Si con lo anterior no se logra una buena calidad de vida y se requiere tratar el dolor, conviene empezar con los medios menos agresivos. Se puede comenzar con cremas de antiinflamatorios, o incluso con pastillas de paracetamol, que se pueden pautar de forma regular si el dolor es estable. Sólo si con esto no se controla el dolor hay que tomar antiinflamatorios no esteroideos, tipo ibuprofeno. En esos casos, si la toma es regular, es recomendable proteger el estómago con fármacos de la familia del omeprazol. Un paso más allá serían las inyecciones intraarticulares. No está claro que los reparadores del cartílago, como ácido hialurónico, sean útiles. Y todo lo que sea descargar la articulación es buena idea, bastones, etcétera.

En última instancia está la prótesis, recomendable en los que sufren dolor, rigidez y limitación de la función que afecta de manera notable a la calidad de vida y es refractaria al tratamiento conservador. En esto es en lo que más se ha avanzado, a un coste alto, pero que de momento puede asumir el sistema.

LA NUEVA ESPAÑA
Suplemento SIGLO XXI
Domingo, 6 de junio de 2010