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29 Julio 2014

El verano es un periodo caracterizado generalmente por la estabilidad meteorológica y de la presión atmosférica, lo cual tendría un efecto beneficioso para las personas afectadas por artrosis.

La artrosis es una enfermedad articular caracterizada por dolor, rigidez y discapacidad.

 En España se calcula que la artrosis de rodilla afecta al 10 por ciento de la población adulta, y la de mano, al 6 por ciento. La relación de la artrosis con el clima y las estaciones meteorológicas se conoce cada vez mejor. Cuando una articulación enferma por artrosis se desgasta y deforma. Como consecuencia de estos fenómenos, determinados mecanorreceptores situados en la cápsula articular, los ligamentos y los tendones vecinos se alteran y, además de registrar las sensaciones habituales mecánicas (posición articular en el espacio, carga, bipedestación), detectan y pueden disparar la vía neurofisiológica del dolor articular. Así sucede cuando cambia la presión sobre la articulación artrósica, tanto si movemos la articulación o la sometemos a la acción de la gravedad terrestre, como si se ejercen sobre ella bruscas alteraciones de la presión atmosférica por un cambio intempestivo de la meteorología.

Este fenómeno fisiopatológico justifica la creencia popular muy extendida de que los enfermos artrósicos pueden predecir los cambios de tiempo. Efectivamente, así sucede porque la articulación con artrosis actuaría como un barómetro y la hipersensibilidad patológica de sus mecanorreceptores interpretaría los cambios de presión atmosférica (por ejemplo, al pasar de anticiclón a borrasca o viceversa) como una sensación de dolor y malestar.

Las estaciones del año en las que el tiempo es más cambiante y variable son por ello peores para el dolor de la artrosis. El verano, sin embargo, es un periodo caracterizado generalmente por la estabilidad meteorológica y de la presión atmosférica, lo cual tendría un efecto beneficioso para estos enfermos. Además, durante el verano solemos disfrutar las vacaciones, con lo que las tareas laborales que demandan mucho trabajo a la articulación o la sobrecargan se suelen interrumpir y esto es muy beneficioso para la artrosis de las articulaciones de carga como la columna lumbar, la cadera o la rodilla.

TIEMPO LIBRE

Al disponer de mayor tiempo libre, es también más fácil cumplir con todos los consejos higiénico-dietéticos y las recomendaciones de terapia física articular. 

Con ello, facilitaríamos el fortalecimiento de la musculatura periarticular y contribuiríamos a estabilizar las articulaciones dañadas por la artrosis. Luchar contra el sedentarismo que, por otra parte, caracteriza a las profesiones administrativas (también llamadas de cuello blanco) también es más fácil durante el verano. Se debe insistir a estos pacientes para que, con la prudencia necesaria para evitar las horas de máximo calor, intensifiquen durante el verano el ejercicio aeróbico y, especialmente, la natación.

Uno de los factores fisiopatológicos más claramente relacionados con la artrosis de rodilla es la obesidad. Sabemos que, a mayor índice de masa corporal, más frecuente es la gonartrosis y además es más grave. Al perder los kilos de más, el paciente obeso mejora de sus síntomas y retrasa la progresión de su enfermedad. 

En el verano resulta también más fácil establecer unas pautas de alimentación y hábitos dietéticos orientadas a este fin. Las vacaciones y las jornadas laborales acortadas permiten hacer el almuerzo y la cena en casa incrementando la ingesta de vegetales y frutas con la consiguiente reducción de la ingesta calórica y la sobrecarga ponderal. Finalmente, el verano suele ser la época de mayor tranquilidad, con mayor tiempo de descanso psicológico y de intensificación de las relaciones afectivas y familiares. 

Todos estos factores, al reducir el estrés, benefician sin duda alguna a la reducción del dolor de la artrosis

DIARIO MÉDICO
Tribuna, 28 de julio de 2014
Jesús Tornero Molina, Jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario de Guadalajara