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07 Novi 2011

El diagnóstico precoz es el camino para optimizar el tratamiento de las espondiloartritis y controlar estas enfermedades, una meta posible si se instaura la terapia en las fases iniciales. El retraso en el diagnóstico de la espondilitis anquilosante es de entre seis y ocho años.

Los tratamientos tanto farmacológicos como no farmacológicos tienen beneficios demostrados en las espondiloartritis, que engloban un conjunto de enfermedades reumáticas entre las que la espondilitis anquilosante y la artritis psoriásica son las más representativas. Sin embargo, el retraso diagnóstico de estas patologías puede empeorar los resultados pronósticos y de tratamiento y, por este motivo, los especialistas reunidos en un simposio celebrado por la Sociedad Española de Reumatología (SER) en el Complejo Hospitalario de La Coruña (Chuac))han abogado por estrategias que adelanten la detección de estas patologías.

Las terapias biológicas han constituido un avance significativo, pero no funcionan en el 40 por ciento de los casos. "Son un paso cualitativo muy importante, pero no la panacea", ha advertido el organizador del encuentro y reumatólogo del Chuac, José Luis Fernández Sueiro. Hoy existe consenso en que deben utilizarse en las fases tardías una vez ha fracasado el tratamiento clásico (ras 6-12 meses). Pero también hay evidencia de que instaurando la terapia adecuada en el periodo inicial se puede minimizar el impacto de la enfermedad antes de llegar a una fase que precise de los biológicos o en la que la estabilización del paciente es mucho más compleja. "Es esencial optimizar las terapias para controlar antes la enfermedad, porque en el periodo inicial es más fácil que funcionen los tratamientos clásicos", ha apuntado Fernández Sueiro.

Objetivos

Como las espondiloartritis afectan sobre todo a personas jóvenes, de entre 20 y 40 años, se consigue un triple objetivo: tienen mayor calidad de vida, pueden seguir trabajando y disminuye la carga económica sobre las arcas públicas, que han de asumir el coste derivado de las bajas laborales y de las incapacidades, parciales o permanentes.Para llegar a esta situación, el paso obligado y necesario es el diagnóstico precoz y éste es el reto actual, porque el retraso diagnóstico es notorio: de entre seis y ocho años en espondilitis anquilosante y de dos y medio en artritis psoriásica.

Dos son los motivos principales: primero, la sociedad está desinformada con respecto a estas patologías, porque equivocadamente las asocia a personas mayores; por otro lado, no es fácil para los médicos de atención primaria detectar los síntomas de las espondiloartritis, a veces demasiado sutiles.Para superar estas barreras, la Sociedad Española de Reumatología aboga por la colaboración con los médicos de atención primaria. En el Chuac, por ejemplo, existe un programa por el cual los reumatólogos acuden una vez por semana a los centros de salud para mejorar la formación de los médicos de familia y favorecer así la detección precoz, que deriva en una actuación temprana y en un mejor control de la enfermedad. En este contexto, se hace imprescindible que los reumatólogos dispongan de tiempo para dedicar al primer nivel.

Signos de alarma

El organizador del simposio ha identificado, no obstante, algunas señales:"Cuando un paciente joven tiene dolor de espalda con características de dolor inflamatorio, que le obliga a despertar por la noche y no se alivia con el reposo, alerta sobre una posible espondilitis anquilosante y debe remitirse al especialista. Igual con una persona que tiene psoriasis cutánea y se queja de dolor de espalda e inflamación de las articulaciones periféricas". Según Fernández Sueiro, en los nuevos criterios diagnósticos la resonancia magnética tendría un papel clave porque permite detectar antes las articulaciones dañadas en pacientes con espondilitis.

INCAPACIDAD LABORAL

Al defender los recursos necesarios para abordar las espondiloartritis, es necesario conocer la carga de estas enfermedades, tanto para el paciente como para el sistema sanitario. Éste es precisamente el objetivo del estudio que ha dirigido José Luis Fernández Sueiro y que ha presentado en el simposio.Los investigadores querían disponer de datos sobre la población autóctona y vencer la imagen que la Administración sanitaria tiene de estas patologías que, como el conjunto de la sociedad, las vincula a sujetos de edad avanzada.Las personas que padecen espondilitis anquilosante tienen entre 20 y 30 años y las que sufren artritis psoriásica, una media de 40 años. A tenor de las conclusiones del trabajo realizado en el Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña, casi la mitad sufren algún tipo de incapacidad laboral (bajas, incapacidades parciales e invalidez permanente), lo que sugiere un impacto grave en el trabajo, en la capacidad física y en la calidad de vida de los pacientes; en Galicia, por ejemplo, equivale a unas 15.000 personas.Y así lo ha destacado Fernández Sueiro: "Al asignar recursos, estas patologías siempre están por detrás y el estudio demuestra que estos enfermos constituyen una carga económica para su familia y para el país".

DIARIO MEDICO
María R. Lagoa
Vigo, 2 de noviembre de 2011