Actualidad Noticias Te mantenemos informado

29 Ener 2014

Convivir con la enfermedad artrósica puede ser más llevadero siguiendo unas sencillas medidas que pueden controlar la enfermedad y aliviar o mejorar la sintomatología.

La artrosis es una de las enfermedades articulares más prevalentes: afecta en torno a 5 millones de españoles (aproximadamente el 10 por ciento de la población) y es una de las que más recursos sanitarios consume. Consiste en un desgaste del cartílago articular que puede ser progresivo. Afecta a cualquier articulación, pero las más frecuentes son las de las manos, rodillas, caderas y columna vertebral. No es una enfermedad exclusiva de la vejez, pero es la principal causa de discapacidad en los mayores de 65 años en España. Así, el incremento de la expectativa de vida hará que en el año 2020, sea la cuarta causa de discapacidad en el mundo.

El paciente debe colaborar en su tratamiento, estar bien informado y ser corresponsable para conseguir una evolución más favorable de su patología artrósica.

Como la mayoría de enfermedades crónicas, no tiene una terapia definitiva, aunque sí para disminuir los síntomas y mantener o mejorar la capacidad funcional. Es imprescindible que los afectados colaboren en su tratamiento, estén bien informados y sean corresponsables.

El dolor, la rigidez, la deformidad y una cierta pérdida de función son las consecuencias clínicas de la artrosis sintomática. El diagnóstico y el abordaje terapéutico tempranos podrían traducirse en una notable mejoría de la calidad de vida. Se puede influir en la prevención secundaria haciendo que la enfermedad evolucione de una forma más lenta una vez se ha iniciado. Pero siguen siendo importantes los factores de riesgo modificables, como el control del peso, pues la obesidad y el sobrepeso aumentan el riesgo, no sólo de padecer artrosis de rodilla sino también de su progresión. De este modo, se aconseja hacer dieta baja en calorías, si es necesario, y complementarla con la práctica de ejercicio regular adaptado a cada afectado y a cada una de las articulaciones.

En concreto, sobre la realización de actividad física se ha demostrado que protege la articulación y aumenta la fuerza de los músculos. Para estos pacientes se recomiendan tareas físicas de forma intermitente, alternándolas con periodos de descanso. El ejercicio aeróbico (natación, pasear o ir en bicicleta) es muy aconsejable, ya que controla la enfermedad y previene la atrofia muscular. Sin embargo, los deportes de contacto o de gran sobrecarga física no son recomendables. Por otra parte, en general, el calor es beneficioso en la artrosis y se puede aplicar de forma casera: con la esterilla eléctrica o la bolsa de agua caliente colocadas sobre la articulación dolorosa. Alivia el dolor y relaja la musculatura. En ocasiones, la articulación artrósica puede tener un intenso brote inflamatorio y, en esas ocasiones, es útil aplicar frío local mediante bolsas de hielo o baños fríos.

Otro tipo de recomendaciones, como no coger pesos excesivos, no caminar por terrenos irregulares y no estar de pie excesivamente sin descansar, así como usar un calzado de suela gruesa que absorba la fuerza del impacto del pie contra el suelo al caminar y evitar tacones excesivos, son otros aspectos a tener en cuenta.

Los medicamentos que habitualmente se recetan para el tratamiento de la artrosis persiguen el fin de aliviar sus síntomas. El mantenimiento de un tratamiento sintomático, como el de la artrosis, requiere de medicamentos eficaces, seguros y cómodos de tomar. En este ámbito se dispone de muchos tipos de medicamentos que pueden ser beneficiosos en esta enfermedad. Existen analgésicos, antiinflamatorios, geles y cremas, infiltraciones locales y fármacos que pueden evitar la progresión de la artrosis, y que son motivo de investigación y estudio en estos momentos. Sin embargo, ha de ser el médico o el reumatólogo el que decida, en cada momento de la evolución, cuál es el adecuado. Y es imprescindible no automedicarse.

DIARIO MÉDICO
Miguel Ángel Caracuel
Vicepresidente de la Sociedad Española de Reumatología
27 de enero de 2014