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16 Ener 2009

El abuso emocional y sexual en la niñez son factores de riesgo importantes del síndrome de fatiga crónica (SFC), según los resultados de un estudio.

Los participantes que dijeron haber sufrido en la niñez abuso sexual, rechazo emocional o abuso emocional moderado a grave eran casi seis veces más propensos a tener SFC que las personas que no habían padecido esos maltratos en los primeros años de vida, explicaron los autores en Archives of General Psychology.

El equipo dirigido por la doctora Christine Heim, de Emory University School of Medicine, en Atlanta, halló también que los pacientes con el SFC que habían sufrido maltrato en la niñez tenían niveles anormalmente bajos de cortisol, hormona que usa el organismo para organizar una respuesta saludable al estrés.

La producción de cortisol era normal en los pacientes que no habían sufrido abuso infantil.

El cortisol es "bueno durante el estrés", explicó Heim.

La hormona controla cómo el organismo metaboliza la energía cuando aparece el estrés e influye en la función inmunológica. Un bajo -o alto- nivel de cortisol es indicio de una alteración en la capacidad de manejar el estrés.

"En general, se trata de lograr un equilibrio, y las experiencias traumáticas infantiles serían un factor de riesgo general que interfiere en la capacidad del organismo de mantener ese equilibrio", agregó la doctora.

Las personas con el SFC padecen un cansancio debilitante que no disminuye con el descanso y aumenta con la actividad física y mental, según la información online de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Otros síntomas pueden ser el dolor articular y muscular, los problemas de memoria y la falta de concentración.

En un estudio piloto anterior realizado a residentes de Wichita, en Kansas, el equipo había identificado una relación entre el trauma infantil y el riesgo de SFC. En el nuevo estudio, se comparó a 113 personas con SFC y a 124 "controles" sin el trastorno.

El 62 por ciento de los participantes con SFC había padecido de por lo menos un tipo de trauma infantil, como el abuso sexual, físico o emocional, o de rechazo emocional o físico, a diferencia del 24 por ciento del grupo control.

Toda exposición a una experiencia traumática elevó 5,6 veces la probabilidad de desarrollar SFC, y el riesgo aumentó según la cantidad de tipos de maltrato infantil que había informado cada participante.

Normalmente, los niveles de cortisol aumentan cuando nos despertamos a la mañana. Pero, en general, esa respuesta estaba "deprimida" en los pacientes con SFC.

De todos modos, cuando el equipo eliminó del análisis a los pacientes con SFC y una experiencia traumática infantil, halló que ése era el único grupo con niveles anormalmente bajos de la hormona. Los niveles hormonales en los participantes con SFC, pero sin antecedentes traumáticos en la infancia, eran iguales a los del grupo control.

No todos los pacientes con SFC habían padecido abuso infantil, indicó Heim, de modo que otro mecanismo habría causado el síndrome en ellos, por ejemplo, una combinación de vulnerabilidad genética e infección.

De todos modos, la autora agregó que los resultados subrayan la importancia de considerar al SFC como una enfermedad con raíces psicológicas y biológicas.

Por Anne Harding
NUEVA YORK (Reuters Health) -

FUENTE: Archives of General Psychiatry, enero del 2009.